Los cuartos se llenaron. La escalera se usó veinte veces por día. El jardín tuvo arco, pileta, asados y cumpleaños. La mesa larga tuvo sentido los fines de semana. Y después, de a poco, la casa se fue quedando en silencio. Nadie planifica esta etapa. Simplemente llega, y la casa que fue perfecta empieza a dejar de serlo.